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Acción Motriz · Tu revista científica digital · ISSN: 1989-2837.
EDITA: Asociación Científico Cultural en Actividad Física y Deporte (ACCAFIDE).
C/ León y Castillo, 26-28, 3º. 35004. Las Palmas de Gran Canaria (España).
Revista nº18 · Periodicidad semestral / Enero / Junio / 2017

Editorial nº4 · Enero / Junio / 2010

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Praxiología motriz y educación física
Motor praxeology and physical education
Pere Lavega Burgués · INEFC Universidad de Lleida (España)

“La Educación Física no es contemplación sino intervención” afirmaba Parlebas (1968:29) hace cuarenta años. La educación física como toda disciplina educativa depende de un sistema de valores, por lo que su orientación es normativa.  Tiene como objetivo ejercer una influencia sobre las personas, ya que no se basa únicamente en una recopilación de intenciones sino en una disciplina de acción.

A pesar de que no es una ciencia, sino una práctica, se puede apoyar en resultados científicos y también generar investigaciones aplicadas. El patio de la escuela, el jardín de infantes o el pabellón polideportivo se convierten en un auténtico laboratorio donde se generan aprendizajes, relaciones motrices y consecuencias pedagógicas que merecen ser investigados.

“La distribución de centenares de prácticas físicas y deportivas en categorías coherentes desde el ángulo de la acción motriz constituye una herramienta de primer orden para el educador. Ante un sinfín de especialidades, el motricista se ve obligado a elegir. Y antes de perderse en pseudorefinamientos didácticos de interés secundario, es necesario que considere los grandes tipos de prácticas que podrá poner al servicio de su proyecto pedagógico (…) Para que los efectos obtenidos coincidan o por lo menos se acerquen a los efectos perseguidos, es vital que se ayude a realizar las elecciones pedagógicas mediante el conocimiento previo de las consecuencias que entrañan las diferentes categorías de situaciones motrices” (Parlebas, 2001:164)

Como  afirma sabiamente Parlebas (2001) “todas las técnicas corporales, sean las que sean, pueden ser analizadas en términos de conducta motriz, tanto las situaciones desde los juegos del Gavilán y la pelota cazadora como las de lanzamiento de disco, esquí y expresión corporal. Desde esta perspectiva, ya no es el movimiento lo más importante, sino la persona que se mueve y actúa, sus decisiones motrices, sus impulsos afectivos, su amor al riesgo, sus estrategias corporales, su descodificación motriz etc. (…) cualesquiera que sean la época y el lugar, todas las prácticas de educación motriz realizan una intervención con el objeto de influir en las conductas motrices de los participantes. He aquí la clave de la educación física, el que en todos los casos se trata sin duda de una pedagogía de las conductas motrices” Pág. 173

El concepto de conducta motriz centra el interés en la persona que se mueve, que se desplaza; considerando sus decisiones motrices, sus respuestas afectivas, su noción de riesgo, sus estrategias corporales; así como la interpretación que haga de las conductas motrices de los demás participantes ... Cualquier conducta motriz  informa de la intervención estrictamente física o motriz de su autor pero también de la vivencia personal que le acompaña (alegrías, temores, percepciones...), en definitiva, es un fiel reflejo de la manera de estar y de sentir la vida de la persona que actúa.

La conducta motriz debe ser entendida como “la organización significante del comportamiento motor” (Parlebas, 2001:85) que protagoniza un alumno, actuando de forma unitaria con toda su personalidad, poniendo en acción sus distintas dimensiones afectiva, cognitiva y relacional. La  educación  motriz  pretende enseñar únicamente a botar un balón, hacer una voltereta o saltar una altura, sino también a educar a toda la persona que interviene mientras está participando. Desde esta óptica la praxilogía motriz indica que la educación física es la pedagogía de conductas motrices.

Cada juego deportivo o práctica motriz dispone de una lógica interna que desencadena un conjunto de relaciones internas con los otros protagonistas, con el espacio, con el material y con el tiempo que originarán una serie de consecuencias práxicas sobre la persona que actúa. Por tanto tiene sentido saber que cuando Ulises nada, salta, lanza, corre o esquía activa algo más que un conjunto de palancas musculares y óseas. Pablo tras hacer cuatro brazadas en la piscina debe descansar, su respiración es forzada ya que tiene miedo a sumergir la cabeza; Marta al botar un balón ante un contrario siempre decide pasarla a un compañero ya que nunca consigue descodificar las intenciones de sus adversarios; Carlos al esquiar disfruta superando cada una de las informaciones que le concede la pista negra de esquí, llena de dificultades e irregularidades originando un sinfín de  imprevistos que debe interpretar continuamente.

La educación motriz por tanto debe intervenir en la educación de las conductas motrices a educar más adecuadas para cada proyecto pedagógico, desempeñando un papel nada despreciable en el desarrollo de la personalidad del alumno en su infancia o en su adolescencia.

“Para ayudar a realizar esas elecciones pedagógicas de forma adecuada sería bueno analizar serenamente las principales clases de situaciones motrices, poner al descubierto la lógica de su funcionamiento y descubrir la influencia que ejercen sobre las conductas motrices de los participantes. En último término, todas las prácticas pedagógicas tienen que volver a sumergirse en el sistema de valores que les asignan sus finalidades” (Parlebas, 2001:173)

Ante el problema de seleccionar las prácticas motrices que deben estar al servicio del proyecto pedagógico, todo docente debería tener claros los objetivos que quiere conseguir, es decir los efectos que persigue (efectos perseguidos) en sus alumnos para dirigirse a aquellas situaciones motrices cuya lógica desencadena las relaciones y consecuencias perseguidas. Posteriormente debería estar en condiciones de averiguar con rigurosidad y siguiendo criterios científicos, los efectos obtenidos tras protagonizar los alumnos las distintas experiencias motrices que les ha planteado.

Todo ello sin olvidar que si es especialista en conocer las propiedades de las prácticas motrices con las que quiere intervenir podría identificar a priori algunos de los efectos que espera alcanzar (efectos esperados) ya que se trata de aquellos efectos que se pueden prever con antelación puesto que dependen en buena medida del conocimiento de la lógica interna de las prácticas motrices que se quieren emplear.

La praxiología motriz es la disciplina científica que aporta los fundamentos teóricos que se acaban de enunciar y que debería considerarse como una disciplina de referencia imprescindible para los profesionales de la educación física, ya que permite dar respuesta a la obtención y producción de conocimiento científico para ejercer con competencia, criterio y pertinencia la labor social que les ha estado encomendada.

Revista nº4 ·  Periodicidad: Enero / Junio / 2010 ·  ISSN: 1989-2837

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