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Acción Motriz · Tu revista científica digital · ISSN: 1989-2837.
EDITA: Asociación Científico Cultural en Actividad Física y Deporte (ACCAFIDE).
C/ León y Castillo, 26-28, 3º. 35004. Las Palmas de Gran Canaria (España).
Revista nº18 · Periodicidad semestral / Enero / Junio / 2017

Editorial nº17 · Julio / Diciembre / 2016

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EL DESARROLLO DE LA COMPETENCIA MOTRIZ EN LA EDUCACIÓN FÍSICA ESCOLAR
DEVELOPMENT OF COMPETITION IN PHYSICAL EDUCATION DRIVING SCHOOL
Dr. Francisco González Romero · Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Las bondades de la Educación Física, como área curricular para el desarrollo integral del alumno, están fuera de toda duda. La Educación Física puede ofrecer múltiples situaciones en las que los alumnos comparten experiencias, se divierten, adquieren valores sociales, aprenden a compartir tareas comunes, a estar en contacto con la naturaleza de un modo sostenible y respetuoso, a promover la salud, entre un sinfín de posibilidades educativas tan amplias y diversas, que les otorga el cliché de materia curricular única y diferente. El placer de poder ejercitar su motricidad, en un ordenamiento académico que suele mantenerlos inmóviles por largos periodos de tiempo, suele propiciar un éxito de participación asegurada. Y lo más importante es que la Educación Física es la única materia curricular que puede atender a la dimensión motriz del ser humano en toda su complejidad y globalidad.

En la actualidad, nos encontramos en una coyuntura histórica de continuos cambios normativos que obligan a acordar y consensuar cuál es el papel que jugamos en el desarrollo del alumno desde la Educación Física y cuál sería la mejor manera de hacerlo. A raíz de la instauración de la educación por competencias, la LOE y la LOMCE indican, explícitamente, que el principal fundamento de la Educación Física como materia curricular se centra en desarrollar la Competencia Motriz, necesariamente a partir de las praxis motrices y su lógica interna.

La continua transformación que se está produciendo en el Sistema Educativo Español exige una profunda revisión acerca de nuestra concepción sobre cómo estructurar los currículos y qué criterios adoptar para seleccionar sus elementos. La tradición de elementos curriculares que han perdurado históricamente encorseta, en gran medida, la adecuada reflexión sobre la evolución del conocimiento. El currículo educativo está sufriendo una acumulación importante de elementos que hacen inviable su consecución en la práctica docente. Este Síndrome de Diógenes Curricular hace que arrastremos, desde hace años, contenidos que, aún teniendo un gran valor educativo en ámbitos como la salud, los hábitos alimenticios, la estructura morfológica del cuerpo humano, la solución dialogada de conflictos, la ocupación del tiempo libre o los estereotipos sociales vinculados a la imagen del cuerpo, entre otros muchos, no promueven directamente el desarrollo de la Competencia Motriz, sino que se deben supeditar a su desarrollo.  Además, la irrupción del enfoque competencial en el sistema educativo ha provocado, indefectiblemente, que se sume otro tipo de elementos curriculares que tampoco se relacionan directamente con el desarrollo de la Competencia Motriz, como es el caso, por ejemplo, de los hábitos lectores para desarrollar la competencia en comunicación lingüística (sin tener muy en cuenta el potencial comunicativo de la Expresión Corporal), de los conocimientos matemáticos y estadísticos para desarrollar la competencia matemática o del trabajo a través de los formatos multimedia o de programas informáticos varios, para desarrollar la competencia digital.

El principal problema radica en que, además de continuar acumulando elementos curriculares no motrices, seguimos sin concretar y secuenciar adecuadamente los elementos curriculares que sí permiten desarrollar la Competencia Motriz. Parece como si se tuviera bastante claro cómo estructurar curricularmente todo lo que envuelve a la Educación Física desde disciplinas afines, pero no se tiene del todo claro qué es lo que debemos enseñar como elementos curriculares propios y exclusivos - que no excluyentes. El motivo fundamental que sustenta esta realidad es que no se están elaborando los currículos de Educación Física desde un criterio epistemológico correcto. La Praxiología Motriz puede servir de marco teórico de referencia a la hora de auspiciar un diseño curricular de Educación Física dotado de coherencia epistemológica. Los Dominios de Acción Motriz propuestos por Parlebas, los Ámbitos de las Praxis Motrices de Hernández Moreno y Rodríguez Ribas o los Objetivos Motores planteados por el GEIP, son ejemplos claros de su enorme potencial para establecer criterios epistemológicos necesarios para elaborar los currículos de Educación Física Escolar desde la Competencia Motriz como elemento referencial. Al ocuparse de la lógica interna de las praxis motrices y al tener la capacidad de estudiarlas en toda su globalidad y variedad estructurales, la Praxiología Motriz aporta herramientas imprescindibles para servir de referente a la hora de plantear, clasificar, secuenciar y organizar los elementos curriculares necesarios para desarrollar la Competencia Motriz.

No todas las situaciones motrices movilizan las mismas conductas motrices. Se puede promover, desde conductas motrices expresivas que buscan la transmisión de sentidos y significados artísticos, hasta otras que pretendan la adaptación al medio físico cambiante. Cuando se realiza una praxis psicomotriz donde el individuo actúa en solitario para conseguir un objetivo motor concreto, podemos decir que la estructura de esa praxis es igual, independientemente de que se diferencie el objetivo motor en cuestión. Esto es así porque el individuo no necesita atender a los inexistentes adversarios para actuar, ni tomar decisiones en función de posibles compañeros que tampoco existen, entre otros factores intervinientes. Cuando realizamos una praxis motriz de cooperación, necesariamente buscaremos maneras para coordinarnos con nuestros compañeros, para sincronizarnos, para colaborar juntos en busca del beneficio mutuo. Y todas las praxis motrices de cooperación, sea de la índole que sea, tienen estructuras semejantes. Es decir, la estructura de las praxis motrices que comparten las formas de interacción entre los participantes, el tipo de espacio, el tipo de ámbito de las praxis motrices o los objetivos motores, tienen estructuras semejantes que permiten generalizaciones entre ellas. Estas estructuras semejantes implican que los participantes deban resolver situaciones motrices similares estructuralmente y, por tanto, desencadenen o provoquen conductas motrices en los participantes de un mismo tipo de praxis motriz.

Tal y como plantea Ruiz Pérez, la variedad de situaciones motrices es lo que podrá originar la necesidad de adaptación para dar solución al problema planteado, lo que conlleva, consecuentemente, el desarrollo de la Competencia Motriz que, por definición, requiere dar solución a todo tipo de situaciones motrices.  Podemos plantear un gran abanico de posibilidades, tales como realizar praxis de senderismo, baile, respiración, “acrosport”, educación postural, expresión corporal o artística, saltar a la soga, relajación, orientación, yoga o taichí, juegos motores tradicionales, ejercicios de calentamiento, baloncesto o voleibol, acondicionamiento físico sin material o en un gimnasio,  natación o atletismo, el juego del brilé o el de zorros, gallinas y víboras, escalada o surf, lucha canaria o bádminton, aerobic o zumba, patines o bicicleta, dominio en el manejo de malabares o bolas cariocas, todas ellas muy ricas y diversas estructuralmente.  Sin embargo, esta variedad de situaciones motrices no debe estar sujeta al único criterio del cambio de forma aleatoria. Como dice el profesor Lagardera, todas las manifestaciones motrices del ser humano son susceptibles de ser elegidas como tareas motrices en las clases de Educación Física, como también lo pueden ser los millones de propuestas que aún no han sido creadas por la especie humana pero lo pueden ser en cualquier momento. No es un problema de cantidad, sino de pertinencia, coherencia y congruencia.

El objetivo final de todo programa escolar de Educación Física debe ser que el alumno logre desarrollar su Competencia Motriz y esto le permita desenvolverse mejor en praxis motrices específicas y/o en su vida cotidiana. Para conseguirlo, buena parte del logro de los objetivos de la Educación Física Escolar dependerá de una correcta selección y secuenciación de los elementos curriculares, por lo que el conocimiento de la estructura y de la lógica interna de las praxis motrices y su correcta aplicación, conducirá a la elaboración de diseños curriculares de Educación Física epistemológicamente correctos. Subyace en todo esto una querencia de abandonar, de una vez por todas, la Educación Física a partir de lo que rodea a la motricidad humana y de lo no motriz, para aceptar y asumir una Educación Física estructurada desde el desarrollo de la Competencia Motriz.

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