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Acción Motriz · Tu revista científica digital · ISSN: 1989-2837.
EDITA: Asociación Científico Cultural en Actividad Física y Deporte (ACCAFIDE).
C/ León y Castillo, 26-28, 3º. 35004. Las Palmas de Gran Canaria (España).
Revista nº19 · Periodicidad semestral / Julio / Diciembre /2017

Editorial nº16 · Enero / Julio / 2016

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ACTIVIDADES EN EL MEDIO NATURAL, EN EL PATIO, EN LA PISCINA… SEMIOTRIZAR EN INCERTIDUMBRE
ACTIVITIES IN THE NATURAL ENVIRONMENT IN THE PATIO IN THE POOL ... SEMIOTRIZAR IN UNCERTAINTY
Dr. Quim De Marimon Vilalta · Praxiologo y Parapentista

Las actividades motrices se pueden practicar en diferentes espacios físicos y en diferentes superficies. En vacaciones muchas familias disfrutan de un día de campo donde los jóvenes juegan al futbol, se retan en luchas, nadan en un lago y vuelan cometas. Todas esas actividades son, pues, actividades realizadas en el medio natural que también se pueden practicar en un jardín, en un patio de colegio y en una piscina (en el caso del nado). Desde el punto de vista definitorio esa denominación no aporta prácticamente nada, pues casi cualquier práctica motriz se puede llevar a cabo en diferentes lugares (siempre que se contemplen una condiciones mínimas). El medio físico y la superficie, sin más, son rasgos circunstanciales y poco o nada pertinentes para definir una situación motriz. Esa denominación es, por obvio, claramente insuficiente. No obstante, existe un conjunto de situaciones motrices que originalmente se catalogaron, inocentemente, a falta de un criterio mejor, como actividades en la naturaleza.

“La naturaleza” es un concepto atractivo para la mayor parte de la población, como lo son también “las emociones” y “la aventura”, todos ellos recursos utilizados en algún momento para definir, quizás mejor comerciar, con ese tipo concreto de prácticas. Así mismo estas últimas opciones tampoco hacen referencia a la lógica interna de esas actividades sino a las sensaciones que producen en algunos practicantes (habitualmente a los principiantes y turistas); por ello esas propuestas se han mostrado del todo insuficientes ante la evidencia del profesor Pierre Parlebas que dio con la clave de lo que las caracteriza: “la adaptación a un medio físico desconocido que genera incertidumbre en el practicante”. Dicho de otro modo, lo pertinente, lo que define y determina a esas situaciones motrices es la relación de aprovechamiento y adaptación al medio físico por parte del practicante (precisamente los practicantes de alto nivel, a diferencia de los principiantes, perciben vivencias de placer ante la posibilidad de superar un reto a partir del conocimiento que tienen del medio; tienen tan asumidas las sensaciones de vértigo que  implican que ya no les dan mayor importancia).

¿Qué genera esa incertidumbre del medio físico? Pues la falta de información y de conocimiento que le obliga a semiotrizar, es decir, ajustarse a unos códigos (realizar conductas motrices adaptadas) sintetizados a partir de los indicios del medio exterior (captados por todo tipo de sentidos, no sólo visuales). En nuestro caso, en primera opción esos códigos se construyen a partir de la interpretación que hace el ser humano del medio físico exterior, aunque también se puede aumentar la complejidad del sistema si se combina con otros códigos derivados de compañeros y adversarios que pueden formar parte de la situación motriz. Centrados exclusivamente en los indicios físicos, estos pueden ser cambiantes y con una cierta aleatoriedad temporal, o constantes, pero, en este caso, para realmente necesitar de adaptación estos últimos deben ser desconocidos por el practicante. Las olas del mar en el surf son cambiantes, la situación es adaptativa. Las vías de escalada son fijas pero inciertas si nunca has pasado por ellas (si la has realizado 20 veces ya no es desconocida), en este caso la situación también es adaptativa. Las aguas tranquilas de un lago están en un medio natural pero no generan incertidumbre, ni tan siquiera la primera vez, de hecho los remeros de las embarcaciones sin timonel van de espaldas a la dirección de avance y no pueden observar nada del medio físico; esta situación motriz es muy similar a la natación en piscina; no es una situación adaptativa.

A partir de aquí se abre un gran abanico de posibilidades terminológicas pertinentes: “sistemas praxiológicos adaptativos”, propuesto por el profesor Lagardera, o “adaptación motriz ambiental”, según el profesor Hernández. De aquí también emerge una mayor diversidad de actividades motrices pues la adaptación no depende del tipo de medio (natural o artificial) sino del conocimiento de ese medio: el “Parcour”, las modalidades de “Street” en monopatín, patines en línea y bicicleta, o incluso la circulación vial por la gran red de calles y carreteras del mundo se incluyen ahí. En definitiva, aparece un campo de estudio completamente virgen relativo a la capacidad de adaptación motriz.

Existe una adaptación directa o física: cuando el deportista está surfeando una ola sintiendo su fuerza y adaptando sus acciones a esa energía. El medio puede realizar diferentes funciones en esa relación directa: de soporte (en la escalada), dinámica (en el vuelo libre) o combinada (en el piragüismo en aguas bravas); la creación de sensores para descubrir los matices de esa adaptación (digitalizarla), usando métodos de investigación cuantitativos, tendrán su aplicación en la mejora del aprendizaje y la progresión en los entrenamientos. Descubrimos también una adaptación indirecta o estratégica, pues antes de cabalgar las olas se debe escoger la más adecuada y dejar pasar las demás. En este segundo tipo hay que descifrar el significado simbólico de la información que contiene el medio; ahí los métodos de estudio cualitativos tienen su oportunidad para transferir conocimiento entre los practicantes… también para realizar aportaciones a la ciencia en general y a la sociedad.

Las habilidades de adaptación humanas necesarias para el éxito en la práctica de actividades en un medio físico, sea o no natural, se pueden desarrollar en las escuelas, en las mismas aulas, gimnasios i patios artificiales, a través de la generación de situaciones de incertidumbre derivadas y aprendidas de esos sistemas praxiológicos. Eso incluye también las habilidades donde se puede ayudar a salvar vidas en algo tan habitual y peligroso como la circulación vial. Esa parte de la formación no se trata en los marcos curriculares de Educación Física pese a que es una necesidad cotidiana. En los centros universitarios los programas de actividades en la naturaleza se centran en la gestión turística, aspecto muy interesante, como no, pero que también puede tratarse en otras facultades, como las de turismo o empresariales. El campo de estudio de la capacidad de adaptación pertenece a la ciencia de la acción motriz y es necesario impulsarlo por los grandes beneficios epistemológicos que aportará.

A veces se intuye, y ahora los neurólogos cognitivos como Antonio Damasio lo están demostrando: los humanos no somos animales racionales sino animales emocionales que, a veces, razonamos… ¿por qué digo esto, qué tiene que ver con las acciones motrices? Pues que esa “naturaleza” nuestra subyacente debe ser la causante de que ante lo desconocido siempre intentemos dar con una explicación, aunque sea superficial y sin sentido, que satisfaga i calme nuestra inseguridad. No entiendo sino la razón por la que se sigue intentando definir a ciertas actividades motrices simplemente por el entorno en el que se practican.

Revista nº16 ·  Periodicidad: Enero / Julio / 2016 ·  ISSN: 1989-2837

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