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Acción Motriz · Tu revista científica digital · ISSN: 1989-2837.
EDITA: Asociación Científico Cultural en Actividad Física y Deporte (ACCAFIDE).
C/ León y Castillo, 26-28, 3º. 35004. Las Palmas de Gran Canaria (España).
Revista nº18 · Periodicidad semestral / Enero / Junio / 2017

Editorial nº15 · Julio / Diciembre / 2015

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LA PRÁCTICA DE LA INTROYECCIÓN MOTRIZ
THE PRACTICE OF MOTOR INTROJECTION
Dr. Glòria Rovira Bahillo · EUSES, Universidad de Girona (ESPAÑA)

Estamos corriendo por un sendero y alguien nos llama; de pronto, nos damos cuenta. Qué lejos nos encontrábamos de aquel sendero y de las sensaciones de nuestra carrera. Mientras corríamos permanecíamos absortos entre pensamientos que tenían que ver con el futuro y sus planes o el pasado y sus recuerdos...esta llamada amiga nos trae al aquí y ahora. Entonces, tenemos la oportunidad de seguir corriendo y disfrutar del camino, sentir nuestra respiración, la pisada, la brisa que nos acaricia la cara, en definitiva, podemos sentir: “je ressens et j’agis, doncs je suis” (Parlebas, 2005) siento y actúo, por tanto tengo certeza de mi existencia.

Y de eso trata la introyección motriz. Da lo mismo que estemos saltando, paseando, estirándonos o bailando. Cuando lo hacemos con plena conciencia, dándonos cuenta de nuestras sensaciones en el instante presente, estamos estimulando la introyección motriz. Por tanto, la introyección motriz es una capacidad humana que implica una conciencia de sí, un sentir profundo de estar en el mundo (Lagardera, 2007), todo lo contrario a refugiarnos en los pensamientos y las pasiones que nos alejan de la experiencia sensible.

Pero como cualquier capacidad, habrá que ejercitarla o entrenarla para que se desarrolle. Diferentes tradiciones culturales han construido un sistema de prácticas motrices para estimular esta capacidad o dimensión. Milenarias y de oriente, como la meditación, el yoga, el tai chi o el qi gong, y más contemporáneas y occidentales como la gimnasia consciente u holística, la antigimnasia, la eutonía, la microgimnasia o el método feldenkrais, entre otros.

 

Existe una larga lista de términos para referirnos a estas prácticas motrices: prácticas aprehensivas, cuerpo-mente, psicocorporales, sensogimnasia, new age, alternativas, gimnasias suaves o prácticas de atención plena. En este contexto, Lagardera (2007) las define como prácticas motrices introyectivas, a partir de su rasgo distintivo, ya que todas ellas estimulan la capacidad de sentirse a sí mismo con plena consciencia a través de la motricidad. Promueven el autoconocimiento, el cuidado corporal y el bienestar a través de ejercicios de respiración consciente, liberación articular, postura, estiramientos o atención plena.

 

En estas prácticas motrices no existen vencedores ni perdedores, ni rivalidad entre participantes, se trata de prácticas motrices sin victoria. La clave del éxito no está en la consecución de una marca o puntuación, sino en la apertura de la conciencia sensitiva. Las relaciones intrasistémicas exigidas por la lógica interna serán coherentes con este objetivo introyectivo, es decir, si usamos material o no, si hay comunicación o no, si nos ubicamos en el espacio con una postura u otra, de forma dinámica o estática, actuando lento, rápido o en quietud, etc, sea cual se la forma concreta que adopte el ejercicio que realicemos estará al servicio del objetivo introyectivo: la apertura de la sensibilidad perceptiva, la atención plena y la atemporalidad o vivencia del presente.

 

De manera que podemos poner en juego la introyección motriz a través de prácticas motrices introyectivas que nos ayudaran a desarrollar la atención, la percepción clara y exclusiva de lo que nos ocurre en un preciso instante. Nos ayudarán también a educar los sentidos, tanto externos como internos, perfeccionando la sensibilidad perceptiva siendo cada vez más permeables. Aprenderemos a sentirnos en tiempo presente, a sentir nuestra presencia, no imaginarla, ni pensarla, sino hacernos cargo de nuestra vida.

Podemos encontrar abundantes publicaciones científicas que muestran el efecto positivo de ejercitarse regularmente en algún tipo de práctica motriz introyectiva. Se han estudiado las consecuencias en la mejora de la salud, el alivio del dolor, la autorregulación emocional, la empatía, la reducción de la ansiedad, el aumento del bienestar subjetivo, la capacidad de resiliencia interior y la reducción de los síntomas del estrés percibido, la preocupación y la depresión. El aumento del estado de atención plena o conciencia plena, el estimulo de emociones positivas, la vitalidad y la autocompasión. A la luz de tantas evidencias podemos afirmar que las prácticas motrices introyectivas repercuten positivamente a un nivel sistémico, actuando sobre las dimensiones afectiva, física, cognitiva y relacional de la persona. Donde pensamiento, acción y emoción convergen; mente y cuerpo no actúan disociados, sino en plena conciencia en el momento presente. Lo que tendrá vitales consecuencias en la evolución personal y social.

De manera que, queda más que justificado que incluyamos las prácticas motrices introyectivas en la educación física como capital humano nada desdeñable. En definitiva, para una educación física emancipadora y sostenible adecuada en tiempos de modernidad líquida, una educación física sensitiva y consciente que apunte al desarrollo personal y social.

Revista nº15 ·  Periodicidad: Julio / Diciembre / 2015 ·  ISSN: 1989-2837

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