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Acción Motriz · Tu revista científica digital · ISSN: 1989-2837.
EDITA: Asociación Científico Cultural en Actividad Física y Deporte (ACCAFIDE).
C/ León y Castillo, 26-28, 3º. 35004. Las Palmas de Gran Canaria (España).
Revista nº19 · Periodicidad semestral / Julio / Diciembre /2017

Editorial nº12 · Enero / Junio / 2014

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Etnomotricidad: Un saber indispensable para la docencia en educación física.
Ethnomotricity: a must for teaching physical education to know.
Joseba Etxebeste Otegi · Instituto Vasco de Educación Física (IVEF) Vitoria. UPV

Los Argonautas del Pacífico Occidental (1922), la obra maestra de Bronisław Malinowski, puso las bases para una Etnografía mo- derna. Es una investigación, aunque no se reconozca como tal, sobre la cultura motriz, y versa sobre el sistema de intercambio de regalos de los Trobianders, denominado Kula. Explica cómo se navega de una isla a otra para que el ritual se lleve a cabo, cómo se elaboran las canoas, cómo se elige la tripulación. La Antropología llevan años estudiando la relación que las actividades motrices tienen con la cultura. Sus estanterías están repletas de trabajos sobre culturas de cazadores y recolectores, donde la motricidad es esencial para la supervivencia de la comunidad. No obstante, la cultura motriz estudiada no hace referencia a los juegos ni a los di- vertimentos, sino a la vida “seria”; es decir, el ocio se deslegitima, para mayor gloria del negocio. En las últimas décadas, con la irrup- ción en el campo científico de la Antropología y Sociología del Deporte, ese vacío se está llenando con interesantes aportaciones.

Los que nos dedicamos a la Acción Motriz deberíamos preguntarnos sobre la actualidad de los términos etnomotricidad y et- noludismo de Pierre Parlebas en el contexto científico contemporáneo. ¿Qué aportan de nuevo esos conceptos en el marco de una investigación mundializada de la antropología cultural? ¿No estaremos cayendo en la pretensión de querer abarcar áreas de conocimiento alejadas de nuestra formación inicial en las Facultades de Ciencias de las Actividades Físicas y del Deporte? ¿No deberíamos concentrarnos en mejorar la Educación Física y olvidarnos de otras batallas donde parece tenemos poco que ganar y mucho que aprender?

Estratégicamente podemos concentrarnos en nuestro quehacer principal: la Educación Física. Las maestras y los profesores de las escuelas preparan las diferentes actividades motrices según los objetivos e intereses del alumnado. Cada una de estas propuestas coloca al sujeto en una realidad motriz diferente en función de su lógica interna. La regla es el elemento fundador de esa realidad social y motriz. Determina la relación entre los participantes, la violencia permitida, los objetos aceptados, la naturaleza del espacio de juego, o si la competición es excluyente o compartida. El juego de “la pelota sentada” no es ni la misma realidad social ni motriz que el boxeo o el juego de bolos. La lógica interna de esos constructos sociales que denominamos juegos y deportes reflejan los valores de la cultura de origen: la sociabilidad, la competitividad, la proxemia y la cultura material del mundo en el que se inscriben. Simultáneamente, dichas actividades motrices reproducirán cuestiones de lógica externa: tales como el género, la clase social, la religión, la etnia, la política en función de los valores que la sociedad atribuye a cada una de ellas. Indudablemente una sociedad que discrimine a la mujer impulsará un deporte discriminante, al igual que una sociedad racista tendrá una estructura deportiva también racista. El análisis del significado de los elementos de la lógica externa como reflejo de la sociedad es la labor clásica de la antropología del deporte.

La primera consecuencia para el profesor es que esos valores sociales en vigor tenderán a reproducirse en el proyecto docente de Educación Física. Es el verdadero currículum oculto de las prácticas motrices: una combinación de elementos de lógica interna y externa. Si pretendemos, parafraseando a Emile Durhkeim (1924) y a Pierre Parlebas (2001), impulsar una socialización metódica de las conductas motrices de las jóvenes generaciones, la etnomotricidad se convierte en un conocimiento clave en la formación del profesorado, ya que a partir de las prácticas motrices aceptadas para la socialización en una comunidad determinada se orientaran las conductas motrices de los futuros ciudadanos.

Pero los profesores de Educación Física no nos conformamos con reproducir el mundo que nos rodea, queremos cambiarlo. Una mirada crítica al mundo deportivo de hoy nos impulsa a revelarnos sobre una educación bancaria, como diría Freire (1970), que perpetúa las diferencias entre el que sabe y el que aprende. Poner en relieve la cultura local, lo que sabemos como pueblo, frente a la globalización deportiva con toda su tecnología, política, internacionalización, competición y segregación de hombres y mujeres para mayor gloria del varón blanco occidental, es un proyecto educativo que pelea por un mundo que no existe hoy pero que se construirá mañana. ¿Cómo conseguir esta conciencia si no comprendemos los mecanismos de transmisión de los usos, costum- bres y valores de una sociedad? La etnomotricidad es, sin duda, un conocimiento muy interesante y necesario para luchar contra el sutil pero tenaz currículum oculto.

Al igual que lo expresa el pensamiento del profesor, los dominios de acción motriz, la red de interacción de marca, la red de cambio de roles y subroles, los códigos praxémicos o las estructuras relacionales son características del juego que reflejan la etnomotri- cidad de una sociedad. ¿Quién puede negarnos el derecho a conocer aquello que necesitamos para nuestra labor crítica como docentes?

La experiencia nos dice que la investigación etnomotriz es complicada ya que los tesoros que oculta están escondidos entre los resquicios que se encuentran entre la Praxiología motriz y los estudios clásicos en ciencias sociales. En esta frontera inexplorada, el investigador está obligado a conocer todas las áreas en profundidad. No conviene alarmarse ante tamaña labor: si los praxiólogos tenemos dificultad en adentrarnos en estas arenas movedizas lo mismo les pasa a los antropólogos. El miedo es compartido: la Sorbona está llena de investigadores que son incapaces de leer las reglas de un juego y comprender las sutilezas estratégicas que la componen.

Sirvan estas últimas líneas para recordar a Mohamed Ould Salek, un praxiólogo preocupado por la desaparición de la herencia mo- triz africana. Su trabajo “los juegos deportivos pre-coloniales del África Occidental” (1994) sigue siendo una guía para cualquiera que desee abordar con rigor una etnomotricidad. Tuareg de nacimiento, recorrió con sus colaboradores las tierras de los Bambara, los Songhay, los Tuareg, los Maure, los Wolof, los Moré... y nos hizo soñar con la vida del Mali profundo gracias a sus relatos de jue- gos y costumbres. Algunos echaremos de menos al hombre, pero todos sentiremos que una biblioteca oral de juegos haya ardido.

Etnomotricidad: Campo y naturaleza de las prácticas motrices, consideradas desde el punto de vista de su relación con la cultura y el medio social en el que se han desarrollado. (Parlebas, 2001, p 227).

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