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Acción Motriz · Tu revista científica digital · ISSN: 1989-2837.
EDITA: Asociación Científico Cultural en Actividad Física y Deporte (ACCAFIDE).
C/ León y Castillo, 26-28, 3º. 35004. Las Palmas de Gran Canaria (España).
Revista nº18 · Periodicidad semestral / Enero / Junio / 2017

Editorial nº9 · Julio / Diciembre / 2012

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¿Será tiempo de gimnasia?: la conducta motriz instrumentalizada como ejercicio en tiempos de des-subjetivación
Is it time gymnastics: motor behavior instrumentalized as an exercise in times of de-subjectivation
Raúl Horacio Gómez · Universidad Nacional de La Plata (Argentina)

La palabra Gimnasia fue utilizada por los griegos desde el siglo VIII  a.C., derivada del prefijo gymnos, (andar desnudo – más tarde hacer ejercicio desnudo, hacer ejercicio). Por generalización así se llamaban las prácticas que comprendían  carreras, saltos, luchas, lanzamientos además de otras formas de juego y danza. Hacia el siglo IV a. C., comienza a utilizarse la palabra  Gimnástica, (Mehl) para referirse al estudio de los efectos de todos los ejercicios, sobre todo con objetivos terapéuticos ligados a lograr el buen estado corporal (euexía). Los ejercicios gímnicos (y no gimnásticos como los llamamos hoy)  tenían un carácter agonístico y no solo propedéutico.

Desde finales del siglo XVII, surgen en Europa, practicas motrices de carácter gímnico ligadas al interés por el mejoramiento corporal formativo o terapéutico, prácticas que  decantan finalmente  en las grandes tradiciones/escuelas del siglo XIX.

Algunas de estas prácticas motrices, atravesaron un proceso de progresiva deportificación (en el sentido de P. Parlebas) así es que desde mediados del siglo XX, se instituyeron como practicas fuertemente codificadas y reglamentadas, dando origen a las gimnasias deportivas (artística, rítmica) devenidas en prácticas con status olímpico.

Desde esa época el concepto de gimnasia, es utilizado en dos sentidos distintos, si se analizan las prácticas desde  una óptica praxiológica:

- La Gimnasia como ejercicio corporal: práctica motriz orientada al desarrollo, formación, mantenimiento o restablecimiento corporal (capacidades motrices, expresivas, perceptivas). Estas son  prácticas motrices no reglamentadas ni institucionalizadas, en las cuales la intencionalidad del practicante esta relacionada con el desarrollo, recuperación o mantenimiento de las cualidades físicas-motrices, las capacidades perceptivas-motrices expresivo-motrices y sociomotrices, en función del desarrollo personal y social,  prácticas constituidas por ejercicios o casi  - juegos, en la denominación de parlebas.

-  La Gimnasia como deporte: prácticas regladas, con alto grado de institucionalización, con estructura de duelo, red de marcas, y generalmente incluidas en un sistema de competencias. Aquí la intencionalidad del practicante esta relacionada con el agonismo implícito a la práctica, la superación personal en función del desarrollo como deportista y para la tipología praxiológica son meramente deportes.

Si bien el análisis demuestra que se trata de prácticas motrices bien distintas, sin embargo, la posición hegemónica del Deporte, y los intereses que conlleva esta posición, han terminado por limitar el uso del término gimnasia exclusivamente a la ultima acepción, la gimnasia-deporte, silenciando la potencialidad del uso del ejercicio corporal para el mejoramiento de la calidad de vida y la potenciación del desarrollo general de la persona.

En ese contexto advertimos con preocupación, que, de un  modo general, como lo muestran varios trabajos de investigación, los curriculumns de la formación docente en Educación Física, no proveen formación referida a los sistemas gímnicos.  Sin embargo, las gimnasias tradicionales (sueca, neo sueca, danesa), la gimnasia moderna originada en Bode, Medau, con los aportes de  Idla, Dallo y Hannebut, las gimnasias naturales (Hebert, natural austriaca), las gimnasias suaves, (Feldenkraiz, Jacobson, Schults, Berterath, el yoga, la eutonía, sensopercepción,  el tai-chi), las gimnasias con soporte musical (el jazz, el aerobics,) las gimnasias reeducativas y terapéuticas (correctivas, escolar especializada), las gimnasias asociadas al fitness, la propia gimnasia sintética de Dallo, todos ellos, contienen prácticas motrices que, utilizándolas con sentido crítico, pueden ser aprovechadas e instrumentalizadas en forma pedagógica  para potenciar el desarrollo personal.

¿Con sentido crítico?: si, pues  no se trata ya de enseñar a los alumnos planes y esquemas de movimientos que conducen a la formación de estereotipos motrices que  aumentan el grado de cosificación - masificación de la cultura motriz de los  sujetos,  reforzando la  tendencia de  la modernidad liquida (que como enseña Bauman consiste en la oferta aparente  de individualidad, mientras masifica la necesidad de consumo)  Mas bien, se trata de recuperar las  técnicas del cuerpo potencialmente capaces de ayudarle a los sujetos a descubrir y diferenciar calidades de movimiento, intensidades del esfuerzo, tipos y técnicas motrices, (balanceos, ondas, rebotes, tomas  de peso, descubrimiento y control del  impulso pélvico), conciencia de la propia capacidad de movimiento global y segmentaria,  dominio del tono muscular global y segmentario, dominio de la respiración, y de un modo general, un conocimiento práctico del propio cuerpo, sus limitaciones y posibilidades, sus funciones, contribuyendo a su proceso de subjetivación e integración personal –social.

Estos conocimientos no se adquieren o lo hacen en forma débil, si las prácticas motrices propuestas no los contienen, no los involucran. El uso exclusivo de formas globales y elementales de movimiento prescripto por la legislación curricular actual en muchos países, denota por un lado un apego a una forma de naturalismo ingenuo que las demás didácticas especiales han superado hace tiempo, y por otro, exhibe la llegada tardía a la Educación Física de un constructivismo mal entendido. Habrá que partir desde donde el alumno está, no quedarse donde el alumno está. Por lo tanto, la Educación Física, en los tiempos que corren,  tiempos de des-subjetivación, de cosificación, de globalización de la cultura (motriz), (para enfrentarlos) deberá también recuperar su capacidad de “enseñar” a moverse. Ya no pensando en un modelo técnico igual para todos, sino más bien dando herramientas para que cada uno se mueva de acuerdo al equilibrio entre su propia biografía y las demandas y formatos  sociales y culturales. (disponibilidad corporal, al fin y al cabo).

En ese sentido, una definición que pretende resignificar el concepto,  conceptualiza a la gimnasia como  toda práctica motriz, intencional y sistemática (para el actor) encaminada a enriquecer las relaciones del ser humano  con su  cuerpo. Nótense dos cuestiones:

- Podría decirse que, en ese sentido, cualquier práctica motriz enriquecería las tales relaciones, pero lo que constituye a la gimnasia como una configuración pedagógico-didáctica especifica, es que el sujeto actuante, el practicante, busca intencional y sistemáticamente esos fines.

- Asimismo, no es el enriquecimiento - mejoramiento corporal per se el carácter distintivo de esta práctica (lo cual conduciría a reiterar el paradigma mecanicista  que confina el cuerpo al papel de cuerpo tenido (korper – cuerpo material, objetivado antropométricamente, con rendimientos medibles). Es el mejoramiento de las relaciones del hombre con su cuerpo (leib – cuerpo vivido –cuerpo disponible) a partir del aprendizaje y prácticas de ejercicios tendientes al conocimiento y dominio de las posibilidades corporales y de las practicas motrices típicas de la cultura,  ya no en relación a un standard, sino en relación a la posesión de un cuerpo disponible, punto de equilibrio siempre en riesgo,  entre el deseo del sujeto y las demandas normativas del medio físico y social.

La Gimnasia, entonces, así entendida, involucra la posibilidad para los sujetos de conocer las formas y métodos para desarrollar las capacidades condicionales, perceptivo-motoras y expresivas, así como poseer amplias, ricas y variadas experiencias de movimiento que les faciliten la reproducción de aprendizajes en las situaciones de la vida cotidiana y en los juegos y deportes y una “disponibilidad corporal” que sintetice su capacidad de actuar e interactuar con el medio natural y social.

La disponibilidad  corporal es la posesión de un cuerpo operativo y emocional. Operativo en tanto capaz de actuar con eficacia en las situaciones motrices en relación con las propias necesidades y deseos (entonces la eficacia no se define por la comparación con un estándar, sino con el equilibrio sujeto-situación). Emocional, en tanto la motricidad,  porta las significaciones que atraviesan al sujeto en situación y la conducta motriz no escinde ni fragmenta, en la medida que re – presenta la intencionalidad del sujeto que actúa (por un lado, en el sentido de Husserl, intencionalidad pre reflexiva, ante predicativa, ligada al proyecto motor – objetivo motor, y por otro lado, intencionalidad discursiva – conciente, ligada a objetivos y fines de naturaleza didáctica, construcciones de segundo término.)

Aquí convendrá introducir la diferenciación objetivo motor –objetivo didáctico: en efecto, todas las situaciones motrices tienen, como ha mostrado la Praxiología motriz,  un objetivo motor, y este, bajo ciertas condiciones de sentido, es percibido con distintos niveles de representación, desde la intuición fenoménica hasta la representación conciente y explicita. Sin embargo, en la Educación Física, toda situación motriz,  es instrumentada con objetivos didácticos, (base de la diferencia epistémica entre Praxiología motriz y Pedagogía de las conductas motrices). Los objetivos didácticos están más allá del objetivo motor, no son inmanentes a la situación motriz (aunque pueden y deben desprenderse de ellas) y son producto de la normatividad didáctica, de la discusión curricular idiosincrática, que establece distintas categorías de fines y  objetivos deseables y necesarios socialmente con  diferentes alcances para edades, ciclos escolares, ciclos de entrenamiento, etc.

Ahora bien, el sujeto actuante en una buena situación motriz (significativa) no puede escindirse del objetivo motor, objetivo que emerge de las relaciones práxicas que el percibe, involucradas en la lógica interna y  por eso mismo actúa.

Sin embargo,  y a la vez, el sujeto puede actuar (cuando la situación esta planteada en un contexto de intervención didáctica), con o sin conocimiento del objetivo didáctico trascendente a la situación motriz.

De un modo general, cuando el sujeto actúa únicamente orientado por el objetivo motor,  Juega, mientras que cuando actúa, práxicamente en pos del objetivo motor, pero con una intencionalidad ad hoc,  conciente,  de segundo término, como podría ser, lanzar una pelota a  un blanco, ya no solo para embocar (objetivo motor) sino además para mejorar su precisión (objetivo didáctico) el sujeto se ejercita, hace gimnasia. Así, lo que diferencia aljugar (propio del juego) del ejercitarse (propio de la gimnasia), en una perspectiva de la pedagogía de las conductas motrices entonces, es la presencia /ausencia  de objetivos  didácticos intencionales para el sujeto. Cuando en un juego (como situación motriz), se le comunican al sujeto, los objetivos didácticos de segundo término que podrían ser alcanzados mediante la práctica, se rompe el jugar: la intencionalidad del actor deja de ser autotélica, la atención se dirige, ya no a los elementos lúdicos de la situación motriz, sino a los efectos ex post facto de la práctica, a los mecanismos corporales involucrados, o a ambas.   El juego (como modo) se convierte en ejercicio (habrá que discutir la conveniencia de tal operación de intervención didáctica, en cada caso particular). Sin embargo, la investigación revela que en las clases de Educación Física, esta sutil diferencia suele ser ignorada: los profesores, utilizan al juego como ejercicio y viceversa,  desvirtuando el carácter primordialmente lúdico - constructivo de aquel, desaprovechando el carácter productivo - constructivo del segundo, en tanto propone al alumno la visualización conciente del vinculo medios-fines (que el juego – jugado, en general, no subraya). En ese orden el ejercicio, la gimnasia,  es la conducta motriz, instrumentalizada con objetivos didácticos explícitos, intencionales y relativamente sistemáticos (según las posibilidades evolutivas) para el sujeto actuante. De este modo, en Educación Física, juego y gimnasia, son dos configuraciones culturales de intervención sobre la conducta motriz, que forman parte de la cultura corporal de movimiento (junto a los deportes, las actividades motrices en la naturaleza, etc.) que implican mecanismos de aprendizaje y practica distintos, pero que se corresponden con el mismo intento humano: la adaptación -transformación biológica-psicológica y social-cultural al medio.

El enfoque praxiológico permite comprender a este tipo de prácticas motrices humanas en una nueva dimensión, la dimensión de la  intencionalidad práxica  del sujeto que actúa tornándose inteligibles, aspectos que permanecían oscuros: así la gimnasia se vale sobre todo de las actividades  motrices  aprehensivas,  transitivas y expresivas.

En las actividades motrices  aprehensivas, la intencionalidad práxica del sujeto va dirigida a la exploración y conocimiento  del propio cuerpo, sus posibilidades de movimiento y sus limitaciones, así como la contrastación  con los cuerpos de los otros.

En las actividades motrices transitivas, la intencionalidad práxica  va dirigida al dominio de las relaciones del sujeto con el medio ambiente físico: se trata aquí del empleo del conocimiento corporal y de la inteligencia motriz para solucionar las tareas-problemas presentes en situaciones motrices diversas.

En las actividades  motrices expresivas, la intencionalidad práxica está orientada por la necesidad de comunicación gestual-motriz, la alegría de la pregnancia rítmica, la experiencia humana de  (motrizmente) en el lugar de otro.

Pero las tres pueden portar además, objetivos didácticos explícitos para el alumno:

En las actividades motrices aprehensivas: el aprendizaje de las propias capacidades, del equilibrio funcional, del ajuste postural en la conducta motriz,  del dominio de la relajación y la respiración, las formas y métodos  de mejorar las capacidades condicionales y coordinativas, entre otras.

En las actividades motrices expresivas: aprender a moverse  ajustándose al ritmo musical, a percibir el ritmo subyacente en los movimientos cotidianos, a participar de las formas codificadas de danza y juego musical, a  buscar y encontrar el ritmo personal, descubrir las intensidades rítmicas, a crear formas y secuencias de movimientos con intencionalidad comunicativa entre las principales.

En las actividades  motrices transitivas: mejorar la precisión, la eficacia motriz, la habilidad para resolver problemas motrices en forma individual y colectiva, la creatividad para inventar problemas motrices.

En los tres casos, al poner en tensión la relación medios – fines, exige del sujeto la puesta en juego de la atención interiorizada,  promoviendo el despliegue de la conciencia reflexiva, prestándole oído al si mismo corporal. En ese sentido, la gimnasia instrumentaliza a la conducta motriz, como forma de ejercicio corporal, en función de la formación de un sujeto en búsqueda de su propia subjetivación, como forma de resistencia corporal a los procesos de globalización hegemónicos que también atraviesan a la cultura corporal de movimiento.

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